En el marco de la Semana de la Moda de París, la icónica firma francesa desplegó una propuesta de más de ochenta estilismos inspirados en la ligereza de las aves. Bajo la nave central del histórico recinto parisino, la colección rindió tributo a la visión emancipadora de Gabrielle Chanel desde un lenguaje contemporáneo y sumamente depurado.

El vuelo poético de las aves como metáfora de libertad
La nave central del Grand Palais, custodiada por la majestuosidad de los Campos Elíseos, volvió a convertirse en el escenario idóneo para una lección de alta costura e historia. En esta oportunidad, el diseñador Matthieu Blazy, al frente de la dirección creativa de Chanel desde 2025, ideó una puesta en escena impregnada de naturaleza y movimiento. El decorado, poblado por aves en pleno vuelo que evocaban la inmensidad del cielo y el horizonte, marcó la cadencia de una velada donde la sastrería tradicional dialogó con la fluidez del entorno.
Las golondrinas y los vencejos no solo adornaron el espacio, sino que articularon la narrativa estética de la propuesta para la temporada primavera-verano 2027. A través de bordados minuciosos, estampados sutiles y detalles conceptuales que ya se anticipaban en las invitaciones —acompañadas por un elegante colgante plateado con forma de ave—, la colección celebró el acto de alzar el vuelo. Con más de ochenta salidas a la pasarela, la propuesta rememoró la escala monumental de las míticas presentaciones de la maison, ofreciendo un espectáculo visual de lirismo y técnica.
"Esta no es una colección histórica; es una colección sobre las historias superpuestas de Gabrielle Chanel. En definitiva, Chanel alzó el vuelo, y cada paso que dio la condujo a ser libre, como un pájaro".
— Matthieu Blazy, Director Creativo de Chanel.
Arquitectura de vestuario: la corsetería y la sastrería en perfecta simbiosis
Fiel al legado de Mademoiselle Chanel, la colección explora de manera inteligente la frontera donde la masculinidad y la feminidad se entrelazan con naturalidad. La construcción de cada pieza nace directamente del cruce entre la corsetería clásica y la sastrería de precisión, dando origen a siluetas predominantemente rectas pero dotadas de un movimiento orgánico. Las faldas de tablas y aquellas con pronunciadas aberturas frontales marcaron la pauta del desfile, flotando sobre un suelo de tonos terrosos y verdes profundos que evocaban la vista de los paisajes fluviales desde las alturas.
El tweed, material emblemático e indisoluble del ADN de la casa de modas, se presentó reconfigurado mediante técnicas de fruncido, alternando su peso estructural con la delicadeza de la gasa transparente, la seda y el algodón. La paleta cromática inició con un impoluto blanco para luego dar paso a una gama de grises, verdes, azules, amarillos, rosas y el ineludible negro. Entre la propuesta de sastrería, los pantalones rectos —algunos con finas rayas diplomáticas— y las chaquetas a cuadros reafirmaron la vocación de la firma por vestir a una mujer moderna, sofisticada y dinámica.

Atemporalidad, accesorios de culto y la mirada hacia el futuro
El ambiente sonoro combinó acordes de violines, trinos de golondrinas y la nostalgia ochentera del clásico ‘Take on me’, envolviendo a los asistentes en un viaje temporal donde el pasado y la modernidad convivieron en armonía. En el apartado de complementos, el icónico bolso 2:55 abrió el recorrido de marroquinería, acompañado por una cuidada selección de calzado donde el tacón mantuvo una presencia absoluta. Blazy demostró nuevamente su habilidad para reinterpretar los archivos de la marca y proyectarlos hacia las exigencias del guardarropa contemporáneo.
Este hito de la moda internacional coincide además con un contexto de profunda memoria histórica para la firma, tras la reciente publicación del libro ‘Un regard. Une vie chez Chanel’ de Virginie Viard, quien dedicó más de tres décadas a la casa de modas. De cara al calendario oficial de la industria, la atención se traslada ahora a enero para la presentación de la colección de Alta Costura, previa al esperado desfile Crucero que tendrá lugar en Deauville, la ciudad costera donde comenzó la leyenda de Chanel.






