En el imponente Léman Ballroom del distrito financiero de Manhattan, rodeado de históricas columnas de mármol y murales marítimos de los años veinte, la Semana de la Moda de Nueva York presenció un hito sin precedentes. A escasas horas del inicio de Rosh Hashaná, las pasarelas neoyorquinas alojaron el primer desfile de moda compuesto de manera exclusiva por creadores, modelos y creativos de la comunidad judía. Bajo el sugestivo título ‘I Love Jewish Girls’, el encuentro reunió a 18 diseñadores internacionales y más de 30 modelos que convirtieron la indumentaria en una rotunda afirmación de identidad, pertenencia y celebración estética.
La cita, ideada por el artista multidisciplinario mexicano Alejandro Glatt y producida junto a la organización The House Of Faith & Fashion de Tobi Rubinstein, convocó a más de 400 invitados entre diplomáticos, diseñadores, filántropos y personalidades de la cultura. Con una puesta en escena cargada de dinamismo que combinó alta costura israelí, vestimenta modesta (modest fashion), trajes de baño y ropa urbana, la jornada ofreció una radiografía visual diversa donde la fe y el diseño contemporáneo cruzaron sus caminos de manera natural y conmovedora.

Del rechazo creativo a una proclama colectiva en Manhattan
La semilla del proyecto nació a partir de un imprevisto que terminó reconfigurando el panorama. Dos semanas antes de la edición de Miami Swim Week, a Alejandro Glatt le cancelaron su participación con el argumento de que sus propuestas conceptuales resultaban ‘demasiado políticas’. Lejos de replegarse, el artista mexicano organizó su propia presentación independiente en Florida, un impulso inicial que derivó en la ambiciosa pasarela montada en el corazón del centro financiero neoyorquino dentro del marco oficial de la New York Fashion Week.
El número de firmas participantes no fue una coincidencia aleatoria en el armado del evento. Glatt seleccionó deliberadamente a 18 diseñadores procedentes de Israel, Brasil, México y Estados Unidos debido a la equivalencia numérica de esa cifra con la palabra hebrea Chai, cuyo significado es ‘vida’. Con precios de entradas VIP estipulados en múltiplos exactos de ese número simbólico, el espacio funcionó como una plataforma de respuesta frente al hostigamiento digital y los episodios de violencia cultural que el propio creador sufrió en eventos previos en México.
Un crisol de alta costura, simbología y expresiones urbanas
La pasarela abrió con la irrupción de la artista Elizabeth Sutton luciendo un imponente vestido de noche con tocado de la firma israelí Shani Dress, dando inicio a una velada donde convivieron firmas consagradas como Yaron Minkowski y Aviad Arik Herman junto a marcas emergentes como Sad Girl Ranch o True Tribe Tradition. Los pasajes del desfile expusieron desde suéteres con inscripciones en tipografía urbana que clamaban ‘Stop Antisemitism’ hasta colecciones completas adornadas con la Estrella de David, banderas israelíes e indumentaria de baño conceptual.
La ambientación sonora aportó una capa dramática a la atmósfera del lugar. Mientas las modelos recorrían el salón al ritmo de la música electrónica de Tel Aviv, las actuaciones en vivo del cantor Dudu Fisher interpretando el Hatikvah y la cantante iraní-estadounidense Ghazal Mizrahi entonando estrofas en hebreo y farsi conmovieron a los asistentes. El cierre protocolar incluyó el tradicional toque del shofar, un llamado ancestral de renovación que resonó en las galerías del edificio justo antes de la llegada del año nuevo judío.

La indumentaria como lenguaje espiritual e histórico
La conexión entre el vestir y el espíritu sagrado no resulta ajena a la industria ni a la historia de la indumentaria. Tobi Rubinstein, coorganizadora del desfile, rabina y veterana de la moda con más de cuatro décadas de trayectoria en el sector, analizó el valor simbólico de la iniciativa señalando que ‘la gente piensa que no hay relación entre la moda y el judaísmo, porque la moda se percibe como algo vanidoso, superficial, egocéntrico y materialista; pero la moda puede ser divina y espiritual’.
En su reflexión sobre los pasajes bíblicos que abordan el vestuario, Rubinstein agregó que ‘hay una razón por la que existen capítulos en la Torá dedicados a la vestimenta del sumo sacerdote, con descripciones detalladas de cada uno de los elementos: el bordado, el color, los adornos y las medidas. Es porque lo que vistes refleja quién eres’. Estas afirmaciones rescatan una línea teórica arraigada en la historia del textil mundial, recordando cómo los hilos y las telas han servido históricamente como vehículo de transmisión cultural ante la adversidad.
Un mensaje que resuena en las pasarelas internacionales
El impacto de ‘I Love Jewish Girls’ trasciende las fronteras geográficas de la Séptima Avenida para interpelar a las capitales globales del diseño, desde las plataformas de producción en Argentina e Hispanoamérica hasta las semanas de la moda en Europa. La utilización del vestuario como una cartelería visual ambulante confirma que la moda contemporánea ha dejado de ser únicamente una propuesta estética de estación para consolidarse como un manifiesto político, social y reflexivo.
El balance final del encuentro en Manhattan dejó un testimonio claro sobre el rol del arte textil en tiempos complejos. Más allá de la presentación formal de tendencias para las próximas temporadas, el desfile demostró la capacidad de los creativos para unirse en un espacio común, transformar los mensajes de rechazo en manifestaciones estéticas de orgullo y reafirmar que la indumentaria continúa siendo una de las formas de expresión humana más contundentes del mundo moderno.






